presidencia de Arturo Frondizi

Su periodo de gobierno se caracterizó por adoptar el desarrollismo como política básica de gobierno, a partir de las recomendaciones de la CEPAL y las definiciones de la llamada teoría de la dependencia, desarrollada a partir de los años 1950 por intelectuales de toda América Latina. Sin embargo, el desarrollismo frondizista se diferenció del cepaliano al recurrir principalmente a la radicación de empresas multinacionales, antes que al Estado, como factor de impulso del desarrollo industrial.[14]

Sus principales colaboradores fueron Rogelio Frigerio, Gabriel del Mazo (uno de los padres de la Reforma Universitaria), Oscar Alende (gobernador de la provincia de Buenos Aires), Roque Vítolo y Rodolfo Martínez.[29]

[editar] Política económica

[editar] Política industrial

La política de radicación de capitales extranjeros (cuyas medidas principales fueron las leyes de inversiones extranjeras y de promoción industrial y los contratos petroleros) tuvo éxito al coincidir con la etapa de gran expansión transnacional que tuvieron las empresas estadounidenses en aquella época.[9] [21]

Entre 1958 y 1963 se llegó a alcanzar el máximo histórico de las inversiones extranjeras en Argentina: alrededor del 23% del total del período entre 1912 a 1975. Las ramas industriales privilegiadas en esta segunda etapa del proceso de sustitución de importaciones fueron la automotriz, la petrolera y petroquímica, la química, la metalúrgica y la de maquinarias eléctricas y no eléctricas. Las inversiones se orientaron hacia el aprovechamiento de las posibilidades que ofrecía un mercado interno protegido.[24] [29]

La inflación subiría a consecuencia de las inversiones realizadas en los años 1958 y 1959 (algunas de ellas emergentes), a tal punto que a principio de 1959 llegó al 113%. Para combatir la inflación, el gobierno lanzó un incremento salarial del 60%, ya con el aviso de que gran parte de este incremento sería absorbido por el crecimiento de la inflación. Pero gracias a la explotación petrolera y al incremento de la producción, la inflación bajó de nuevo en 1960.[14] [24] [31]

En 1958 se firmaron contratos con empresas petroleras estadounidenses, que operarían por cuenta de YPF, con el propósito de lograr el autoabastecimiento de hidrocarburos y no comprarlos. Gracias a esto, en tres años de gestión se logró un aumento del 150% en la producción de petróleo y gas natural en Argentina. Por primera vez en la historia, en el país se logró el autoabastecimiento de petróleo, y Argentina pasó de ser importador a ser exportador de petróleo.[29] [32]

Con el fin de promover la industrialización acelerada del país, alentó el ingreso del capital industrial extranjero. Profundizó en la política petrolera de apertura al capital extranjero, impulsada por Perón desde 1952.[33]

El presidente Arturo Frondizi prueba un automotor DKW Auto Unión 1000, fabricado por Industrias Santa Fe (foto de 1960).

Los nuevos contratos petroleros se sumaron en conjunto doscientos millones de dólares. Gracias a estos contratos, en cuatro años la producción de petróleo se triplicó. Por estas acciones, en septiembre los gremios de trabajadores petroleros declararon una huelga general, en repudio a los contratos petroleros. El presidente decretó el estado de sitio, poniendo presos a peronistas sindicalistas; de hecho, se rompió el Pacto Frondizi-Perón.[5]

En respuesta a su cambio de opinión respecto a los acuerdos petrolíferos, Frondizi dijo:

«Cambié mi postura porque prefiero renunciar a una actitud intelectual irreal, que mantenerla en desmedro de los intereses del país».

Arturo Frondizi.[29]

La expansión siderúrgica se logró a pesar de los obstáculos de la Dirección de Fabricaciones Militares, que se oponía a la intervención del capital privado. Durante esos años, la inversión extranjera se multiplicó por diez, como también se duplicó la inversión interna, lográndose así un gran re-equipamiento industrial. Y tal como lo había anticipado Frondizi, las divisas que antes se gastaban en la importación de combustibles y otras materias primas, ahora se destinaron a la compra de equipos industriales, modernizando la industria y la infraestructura básica. Hubo una inversión de 140 millones de dólares en industria petroquímica entre 1959 y 1961.[34] La industria se modernizó en 1960 y 1961 por un valor de mil millones de dólares en máquinas y equipamientos importados.[29]

También hubo un pequeño progreso en el sector agro, a partir del desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, que impulsó la tecnificación y la provisión de fertilizantes, plaguicidas y maquinarias, de forma que se hizo incrementar la producción y productividad agropecuaria.[29] [34]

El crecimiento de la industria automotriz se dio gracias a la sanción de las leyes n.º 14.780 y 14.781 de Inversiones y Promoción Industrial. El Poder Ejecutivo Nacional sancionó también en 1959 el decreto n.º 3693 llamado Régimen de Promoción de la Industria Automotriz. Igualmente, se presentaron veintitrés proyectos de radicación automotriz. En él se fijaron las normas de funcionamiento de las fábricas existentes, y también de aquellas en vías de desarrollo, con la idea de reglamentar la creciente participación de elementos en la producción en materia de automotores. Se establecieron numerosas industrias multinacionales (de las cuales algunas continuarían funcionando en 2010), pero también se fundaron algunas argentinas, como la Siam Di Tella Automotores, cuyo primer automotor producido fue el Siam Di Tella 1500. Se fabricaron mil unidades de este automotor en seis meses. Antes, Argentina debía importar automóviles para poder abastecer el mercado automotriz interno, pero luego, con todos estos logros de producción automotriz, se pudo abastecer ella misma en el mercado de automóviles nacional.[35] La producción de la empresa Siam había aumentado también en otros sectores: un ejemplo fue la producción de lavarropas, que pasó de 2.000 unidades al año a 38.000 unidades en 1958.[36]

Laminador continuo de chapas en caliente, modelo único en Sudamérica en ese momento.

El 25 de julio de 1960, se inauguró el alto horno de San Nicolás de los Arroyos, sobre el río Paraná, para la producción de acero, albergando doce mil puestos de trabajo. Este alto horno se había empezado a construir en la época de Perón, pero con su derrocamiento, los militares no la habían terminado (se demoró diez años su finalización).[37] Con este alto horno se produjo un total de 248.500 toneladas de acero en 1958, y cuatro años después, en 1962, se triplicó la producción, pasando a 643.400 toneladas de acero. También creció un 1.270% la producción de arrabio: pasó de 29.000 a 397.000 toneladas anuales, dando así un gran crecimiento a la industria siderúrgica argentina.[38] [39] Se construyó también un laminador continuo de chapas en caliente, modelo único en Sudamérica en ese momento. Con estas obras (y otras no tan destacables), se dio un gran impulso a la petroquímica, a la industria automotriz y la siderurgia en Argentina.[33] [40]

Se radicaron varias empresas automotrices en el país: en el primer año de gobierno se radicaron la Dinborg, Citroën y Alcre; en el año 1959 De Carlo, A. y L. Decaroli, Deutz Argentina, Dinarg, Isard Argentina, Peugeot, Renault y Siam Di Tella Automotores S. A.; y en el año 1960 Auto Union, Autoar, Bambi y Goliath Hansa S. A. Además de las nuevas empresas que llegaron, hubo algunas fábricas que ampliaron sus plantas industriales, como la Fiat en el año 1959[41] y General Motors en el mismo año.[42]

Con este crecimiento en la siderurgia, la industria automotriz produjo en 1961 137.000 automóviles y camiones, dándole trabajo a un total de 150.000 obreros, y ahorrando unos 250 millones de dólares que antes su utilizaban en importaciones de automotores.[37] [38] Se aumentó la producción: en 1958 se fabricaron diez mil tractores, y tres años después, las unidades llegaron a veinticinco mil.[38] La red vial creció en diez mil kilómetros. Hubo un aumento en la producción industrial de un 10%. Se inauguró la planta de SOMISA (Sociedad Mixta Siderurgia Argentina).[33]

Producción de automotores expresado en unidades
Años Particulares Comerciales Total
1957 13.273 15.617 28.890
1959 24.792 7.665 32.457
1960 49.519 38.743 88.262
1961 84.501 49.917 134.418
1962 93.873 34.695 128.568
1963 79.478 26.342 105.820
1964 119.005 47.382 166.387
1965 141.114 55.640 196.754
Fuente: Rapoport, Mario. (2000) Historia económica, política y social de la Argentina (1880-2000). Buenos Aires. Pág 586.

[editar] La «batalla del petróleo»

Artículo principal: La batalla del petróleo

Terminal del gasoducto de Campo Durán, que sirvió para llevar gas a los hogares argentinos.

En el invierno de 1958, ya en el gobierno del país, dispuesto a promover la inversión extranjera pero sin contar con YPF, y con medios para aumentar la producción en Argentina pero sin divisas para importar petróleo, resolvió negociar con una subsidiaria de Standard Oil un contrato de explotación petrolífera. Fue muy criticado por ello, ya que iba en contra de lo que había postulado en su famoso libro Petróleo y política, escrito antes de su asunción presidencial en 1954. Esto generó algunas manifestaciones y tensiones en algunos sectores peronistas. Félix Luna dijo sobre el tema: «más que un reproche político, se trataba de un reproche moral».[29]

Como consecuencia, el 24 de julio del año 1958 el presidente brindó un discurso ante el país, explicando los problemas y las consecuencias que tenía el seguir importando petróleo. El gobierno así anunció «la batalla del petróleo», cuyo objetivo era el de lograr el autoabastecimiento petrolero como sea. En su discurso dio la razón de su giro ideológico, consistiendo sencillamente en que en Argentina no había «ni un gramo de oro para YPF», y que habría que atraer los capitales extranjeros para explotar el hidrocarburo, aunque las petroleras se llevasen parte de las ganancias del sector.[14] [32] A continuación, una cita del discurso del 24 de julio de 1958, en la cual explica el porqué de su giro ideológico.

«Cuando asumimos el gobierno, las reservas de oro ascendían a 125 millones y medio de dólares, y el conjunto de oro y divisas a poco más de 250 millones de dólares. Del 1 de mayo al 31 de diciembre de [1958] habrá que cumplir con compromisos por valor de 645 millones de dólares en el exterior. No disponemos, por lo tanto, ni de un gramo de oro en el Banco Central para YPF».

Cita del discurso del presidente Arturo Frondizi declarando la “batalla del petróleo”.[14]

Aunque las políticas petroleras trajeron resultados positivos en poco tiempo, sus políticas fueron duramente criticadas, ya que en los primeros meses salió más caro extraer el petróleo argentino que comprar petróleo extranjero (unos 350 millones de dólares), a causa de la compra de la maquinaria necesaria para ello; pero más tarde, cuando se empezaron a perforar los pozos, se pudo ver la diferencia de poder explotar petróleo en el país a tener que comprarlo. Pero había otro problema, que fue más polémico: Frondizi había escrito, antes de su asunción presidencial, el libro Petróleo y Política con una gran postura antiimperalista, en el cual, entre otras cosas, decía que YPF era capaz de lograr el autoabastecimiento de petróleo para el país, sin tener que pedir ayuda en el exterior. Su acción de contratar empresas estadounidenses para la exploración y extracción de petróleo era todo lo contrario a lo que había expresado en este libro. Se trataba de crear fuentes de trabajo en el país, y de extraer el petróleo de una manera racional.[29] [32]

Esta política petrolera estaba basada en lo que Frondizi y Frigerio llamaron «nacionalismo de fines», contrapuesto al «nacionalismo de medios». El primer «nacionalismo» instaba en alcanzar los objetivos por cualquier medio, mientras que el segundo se centraba en los medios a cómo conseguirlos.[14]

[editar] Ferrocarriles y Plan Larkin

Artículo principal: Plan Larkin

Arturo Frondizi se interioriza sobre el funcionamiento de las cámaras de Canal 7, en una visita a los estudios para transmitir un mensaje al país el 17 de enero de 1962.[43]

Se pueden distinguir, en lo que a la política ferroviaria se refiere, tres etapas, protagonizadas cada una de ellas por distintas figuras en el ámbito del transporte argentino.

La primera se corresponde con el desempeño como Secretario de Transporte del doctor Alberto López Abuín, especialista en el tema del transporte, y defensor del ferrocarril. Propuso, en febrero de 1958, una política de modernización ferroviaria para Argentina, por lo cual había que incorporar nuevo material rodante para las vías férreas nacionales. De esa forma, se buscaba mejorar el transporte de cargas a través del ferrocarril, haciéndole ganar terreno frente al avance del tráfico automotor en Argentina. Pero este plan tuvo dos principales obstáculos: una inversión muy alta, y un plazo para aplicarlo que era demasiado largo para la vacilante política del presidente. Abuín renunció a su cargo en mayo de 1959.[44]

Se inició entonces la segunda etapa, en la cual serían protagonistas el ministro de Obras Públicas Alberto Constantini y el ministro de Hacienda Álvaro Alsogaray. Ambos buscaron principalmente eliminar el déficit, aumentando las tarifas y, en menor medida, modernizar el sistema ferroviario. Alsogaray viajó a los Estados Unidos para acordar la llegada del General Thomas Larkin a Argentina, donde tenía que hacer un estudio de los transportes a cargo del Banco Mundial. Así se diseñó el denominado «Plan Larkin», que consistía en abandonar el 32% de las vías férreas existentes, despedir a 70.000 empleados ferroviarios, y reducir a chatarra todas las locomotoras a vapor, al igual que 70.000 vagones y 3.000 coches, con la idea de que se comprase todo esto en el mercado exterior y se modernizase de una vez los Ferrocarriles Argentinos, ya sea renovando los rieles o renovando el material rodante, que estaba en malas condiciones.[45] Los cuadros gremiales se pusieron en pie de guerra al enterarse del plan de reducir la empresa ferroviaria y la política de suprimir ramales. Pero la crisis política del momento hizo que Alsogaray y Constantini tuvieran que renunciar a sus cargos en abril de 1961, con lo cual poco de esa política se pudo practicar.[44]

Se inició entonces la última etapa, con Arturo Acevedo como ministro de Obras Públicas. En junio de 1961 se incorporaron nuevos trenes diésel al servicio suburbano del Ferrocarril General Roca, con lo cual muchos maquinistas y foguistas de locomotoras perdieron sus empleos, lo que provocó paros de protesta. Acevedo era partidario de eliminar todas las líneas que dieran déficit. Clausuró, así, varios ramales, lo que provocó que se iniciasen varios paros, entre ellos uno de 42 días que se inició el 1 de agosto de 1961, oponiéndose tanto a los despidos como al desguace de material rodante. Sin embargo, al término de la huelga, ningún ramal de los cerrados fue rehabilitado.[44]

[editar] Política petrolera

Al llegar el gobierno de Frondizi, había una grave situación petrolera en Argentina: existía un consumo de quince millones de toneladas de petróleo, pero en el país sólo se producían cinco millones, por lo tanto debía importar diez millones de toneladas para llegar a abastecer de petróleo el país. Todo esto representaba el valor de una tercera parte del producto de las exportaciones. Una de las primeras metas del gobierno de Frondizi fue la de producir todo aquello que se importaba. La explotación de petróleo y su autoabastecimiento fue uno de los primeros logros: las reservas de petróleo aumentaron casi en un 50%, pasó de 390.000.000 a 590.000.000 de toneladas de reservas en todo el país y también se quintuplicó la producción de gas.[32]

El gobierno sentó tres pilares básicos para la política petrolera:

  1. Nacionalización del petróleo.
  2. Monopoliode YPF.
  3. Autoabastecimiento petrolero.

El artículo 1º de la Ley 14.773 de nacionalización del petróleo establecía: Los yacimientos de hidrocarburos sólidos, líquidos y gaseosos… son bienes exclusivos, imprescriptibles e inalienables del Estado Nacional… Artículo 2º: Las actividades del Estado Nacional… estarán a cargo de YPF, Gas del Estado y de YCF… Artículo 8º: Se declara de urgente necesidad nacional… el autoabastecimiento de hidrocarburos y sus derivados… El artículo 4º de esta misma Ley decía además: «queda prohibido en todo el territorio nacional el otorgamiento de nuevas concesiones»…. Los contratos petroleros del gobierno no eran concesiones a las compañías petroleras extranjeras, como se le había criticado a Frondizi en su tiempo; por el contrario, los contratos eran de locación de obras, pero en donde las compañías no tenían derecho sobre el petróleo extraído en estas obras: el petróleo crudo era entregado directamente a YPF.[32]

Para la extracción del petróleo se habían comprado 36 equipos de perforadoras petrolíferas, la compra más grande hecha en la historia de Argentina. En 1960 se llegó a tener más de cien de estos equipos trabajando para la Administración, el doble de los que tenía normalmente YPF,[32] dándose así solución a la crisis energética que había hacia 1958, y acabando con la «dieta eléctrica» y los apagones que sufría constantemente el país.[38] En ese mismo año se construyó también el gasoducto Campo Durán; se creó prácticamente una industria petroquímica que ubicó al país como segunda potencia regional en el rubro; y se multiplicó por cinco la producción de caucho, necesario para la fabricación de los neumáticos de los automotores.[38] Con estas producciones de materias primas se redujeron fuertemente las importaciones de esos productos.[34]

Con estos avances en maquinarias, YPF logró duplicar su producción hasta superar la cifra de 10.400.000 toneladas de petróleo. Pero para lograr llegar hasta las 15.600.000 toneladas, el gobierno tuvo que hacer contratos de locación de obras y servicios en especial con tres compañías: Banca Loeb en la Provincia de Mendoza, Panamericam en la ciudad de Comodoro Rivadavia, y con la compañía Tenneessee en la Provincia de Tierra del Fuego.[29] [32] Así, Argentina logró llegar al autoabastecimiento de petróleo en cuatro años, rompiendo con cincuenta años de abastecimiento de petróleo importado por los grandes monopolios extranjeros.[32]

En 1941 se había descubierto en Río Turbio, en la Provincia de Santa Cruz, el mayor yacimiento de carbón de Argentina. Su explotación estuvo desde el principio al cargo de la empresa estatal YPF. Ya antes se estaban explotando otros yacimientos carboníferos en Argentina, pero éste fue el mayor descubierto hasta entonces, llegando a representar con el tiempo el 99% de todas las reservas de carbón que se habían encontrado en el país. En 1958, bajo el gobierno de Frondizi, fue creada la empresa estatal Yacimientos Carboníferos Fiscales (YCF), que se hizo cargo de la explotación de los yacimientos de carbón hasta su privatización en 1994.[46]

[editar] Política laboral

Desde 1957 se realizaron elecciones en los gremios, ganando el peronismo la mayoría de ellos. Los sindicatos se habían agrupado en tres grupos: las 62 Organizaciones (peronistas), los 32 Gremios Democráticos (socialistas y radicales) y el MUCS (comunistas).[33]

En 1958 mediante la ley 14.499 se dispuso que cada jubilado cobrara automáticamente un equivalente del 82% de lo que cobraba cuando trabajaba.[47]

En octubre de 1960, sindicatos peronistas e independientes formaron la Comisión de los 20, para exigir la devolución de la Confederación General del Trabajo (CGT), que permanecía intervenida por el gobierno desde el golpe militar de 1955. Para presionar al gobierno, la Comisión de los 20 declaró el 7 de noviembre una huelga general, que obligó al presidente Frondizi a recibirlos y finalmente, acordar el 3 de marzo de 1961 la devolución de la CGT a la Comisión de los 20.[48]

Durante el gobierno de Frondizi, se sancionó la nueva ley sindical n.º 14.455, estableciendo un modelo sindical de libertad absoluta de creación de sindicatos por simple inscripción y atribución de la personería gremial, al más representativo de todos, con el fin de unificar la representación obrera ante los empleadores, el gobierno y las organizaciones internacionales. La ley estableció también el reconocimiento de la figura del delegado, como representante sindical en el lugar del trabajo elegido por todos los trabajadores, disponiendo la prohibición de su despido sin autorización judicial.[14] [49]

En 1961 el sindicato ferroviario La Fraternidad denunció al gobierno argentino ante la Organización Internacional del Trabajo (OIT), por violación de la libertad sindical. El Comité de Libertad Sindical de la OIT hizo lugar a la queja sindical, recomendando al organismo llamar la atención del gobierno de Frondizi sobre su obligación de respetar los acuerdos pactados con los sindicatos.[50]

[editar] Política educativa

Protesta obrero-estudiantil Laica o libre en Buenos Aires, 1959. En una de las pancartas se podía leer: «El decreto-ley es antiestudiantil, renuncie Dell’Oro Maini!», dirigido al entonces ministro de Educación del Gobierno argentino, Atilio Dell’Oro Maini.

Además de la industrialización, también hubo lugar para la educación: se multiplicaron las escuelas de educación técnica, abriendo una década (1963-1974) en la que Argentina registraría las tasas de crecimiento más altas del mundo, y se eliminaría prácticamente la pobreza. Como muestra de la importancia de la ciencia y tecnología, durante su gestión se dio aliento al INTI, al INTA, al Consejo Nacional de Educación Técnica (CONET) con representación estatal, patronal y sindical, y al CONICET, presidido por el Premio Nobel Bernardo Houssay.[29]

La política educativa de Frondizi se caracterizó por la sanción de dos grandes leyes: la que aprobó el Estatuto del Docente y la que habilitó a las universidades privadas a emitir títulos profesionales. Esta última motivó una gran protesta estudiantil conocida como «Laica o libre».[29]

[editar] Laica o libre

Frondizi (tercero desde el fondo, en primera línea) observa desde el balcón de la Casa Rosada una manifestación a favor de la enseñanza laica (agosto de 1958).

Artículo principal: Laica o libre

Justo cuando los debates de la batalla del petróleo alcanzaban su pico máximo de tensión, se presentó un nuevo problema originario de la Revolución Libertadora: la reglamentación del decreto 6403/55, el cual había sido promovido por el ministro de Educación Atilio Dell’Oro Maini (conservador de afiliación católica). Este decreto autorizaba el funcionamiento de universidades privadas. Sin embargo, a fines de agosto de 1958, el gobierno quiso concretar la vigencia del artículo 28, para así permitir a las universidades privadas (aunque algunas inexistentes, pero en proyecto), de expedir títulos habilitantes. Muchas de estas nuevas universidades eran católicas.[29]

El movimiento estudiantil organizado en la Federación Universitaria Argentina (FUA) se opuso de inmediato a la habilitación de las universidades privadas y organizó un plan de movilizaciones con apoyo de los sindicatos, los estudiantes secundarios y los partidos políticos de oposición, bajo el lema de «Laica o libre», una de las movilizaciones más grandes de la historia del movimiento estudiantil argentino. Entre los líderes estudiantiles se destacó Guillermo Estévez Boero, presidente del Comité de Movilización, que en 1989 sería elegido diputado nacional por el Partido Socialista.[29]

Los estudiantes defendían la bandera de la «enseñanza laica» (opuesta al proyecto de ley frondicista), mientras que el gobierno y la Iglesia católica defendían la bandera de la «enseñanza libre».[29]

El 28 de agosto de 1958, los siete rectores de las siete universidades nacionales (entre ellos José Peco, Josué Gollán, Oberdán Caletti y el hermano del presidente de la Nación, Risieri Frondizi) pidieron al Poder Ejecutivo Nacional la no concertación del decreto para universidades privadas, argumentando que era «para que no se viera alterada la vida institucional y académica del país». Casi simultáneamente comenzaron las manifestaciones y actos de protesta, que primero se hicieron dentro de las facultades, y después se trasladaron a las calles. Para los laicos, Frondizi era un instrumento de la Iglesia: llegaron a quemar una efigie del presidente cuya figura estaba representada vestida (según el historiador Félix Luna) con una grotesca sotana clerical.[29]

[editar] Proyectos de energía y agropecuarios

Se pusieron en marcha grandes proyectos hidroeléctricos, como el Chocón y la represa hidroeléctrica Cerros Colorados, para dar al país energía limpia. También se dio un gran apoyo a la industria agropecuaria, fomentando la utilización de maquinarias en el campo, gracias a una política activa de producción de este tipo de maquinaria.[34]

Se fundó Servicios Eléctricos del Gran Buenos Aires (o por sus iniciales, SEGBA), una empresa pública encargada de la producción, distribución y la comercialización de la energía eléctrica. Este servicio se dividiría y privatizaría en 1992 por Carlos Menem en tres entidades operativas: EDENOR, EDESUR y EDELAP.[11] [12]

Aunque la política del gobierno de Frondizi se había enfocado sobre todo en el desarrollo de la actividad industrial del país, no por ello se dejó de atender al sector agro, cuya actividad había representado una fuente importante de divisas para la economía argentina de entonces. Así, y gracias al desarrollo de la industria siderúrgica y petroquímica, que impulsaría la tecnificación y la provisión de la maquinaria, los fertilizantes y los plaguicidas necesarios, se llegó a incrementar la producción de la industria agropecuaria nacional. En todo este proceso hubo tres factores esenciales: la mayor disponibilidad de crédito a tasas viables; las mayores facilidades impositivas; y la participación del capital privado.[34] Para dar un ejemplo de todo esto, en 1957, antes de que asumiera Frondizi su cargo presidencial, en Argentina se vendían seis mil tractores. En el último año de su mandato, la venta anual de tractores subió hasta las veinte mil unidades, resultado del crecimiento del sector del agro.[51]

[editar] Política internacional

El presidente estadounidense Dwight Eisenhower (derecha, junto a Arturo Frondizi), de visita en la ciudad de Bariloche (marzo de 1959).

Arturo Frondizi mantuvo una política de buenas relaciones con los países exteriores. Durante el año 1958 realizó varios viajes alrededor del mundo, llegando a conocer desde al líder cubano Fidel Castro, hasta haber llegado a los Estados Unidos con objeto de mediar entre ambos países, que atravesaban un serio conflicto por la sospecha estadounidense de que Cuba pudiese albergar armas nucleares en su territorio.[52] Frondizi intentó acercarse como mediador entre ambos bandos de forma neutral, pero, por presiones militares, se vio forzado a romper relaciones con La Habana.[21] [33] [53]

En enero de 1959, el presidente Frondizi visitó los Estados Unidos, donde fue muy bien recibido. Sería la primera vez en la historia que un presidente de Argentina visitaba dicho país. En respuesta, el presidente Dwight Eisenhower visitó la Argentina en marzo de 1959. Ambos Estados emitieron la «Declaración de Bariloche» (un tratado sobre la protección de los parques nacionales), con la intención de promover un mejor nivel de vida para los países americanos.[33] [54] En abril de 1959 Frondizi visitó las capitales de Uruguay, Brasil, Chile y Perú, y en todas ellas se lo dispensó con una excelente acogida.[53]

Durante una visita a Japón durante su gira por Asia, dijo:

«El pueblo japonés ha hecho una maravillosa experiencia de tesón y disciplina, al convertir una pequeña extensión superpoblada y no muy rica en recursos naturales, en una de las primeras potencias industriales contemporáneas»

Arturo Frondizi.[14]

Arturo Frondizi durante una visita a Europa (1960), donde visitó al Papa Juan XXIII en la Ciudad del Vaticano. El Pontífice fue quien le dio el apodo de «el estadista de América», haciéndole ver que en Italia también hacían falta políticos como él.[14]

El 16 de junio de 1960 el Presidente decidió realizar una gira por Europa. En dicha gira fue a la ciudad de Gubbio, procedente de Roma, donde comenzó su visita de Estado. Gubbio fue la ciudad en donde nacieron sus padres y los de su esposa. En ella se encontró con el presidente de la Empresa Nacional de Hidrocarburos italiana (ENI), Enrico Mattei, con quien habló de una posible inversión petrolífera de Italia en Argentina; al día siguiente, Frondizi participó en la Festa dei Ceri Piccoli, pospuesta especialmente para esta ocasión. Antes de volver a Roma, se pasó por Perugia, en donde lo premiaron con el laurea ad honorem en Ciencias Políticas por su libro Petróleo y política. Más tarde visitó al Papa Juan XXIII en Roma, continuando su periplo por Milán antes de proseguir después con su gira por Europa.[55] En este año fue condecorado en Inglaterra con el título de Caballero de la Gran Cruz de la Orden de San Miguel y San Jorge, la mayor Orden en la escala de códigos de la Orden de San Miguel y San Jorge.

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Frondizi en el Congreso estadounidense (1959).ogg

Discurso que brindo Frondizi el 20 de enero de 1959 en el Congreso de los Estados Unidos.

Cuando Frondizi ya llevaba dos años como jefe de estado argentino, Jânio Quadros fue elegido como presidente de Brasil. El 21 de abril de 1961 se entrevistaron ambos presidentes en Uruguayana, con la intención de que ambos países tuviesen una política común e hicieran proyectos económicos juntos. Pero los militares reaccionaron mal a esta entrevista, ya que Quadros se había entrevistado con el ministro de Industria cubano Ernesto Guevara (esta reunión con el «Che» llevaría al derrocamiento tanto del presidente brasileño, como del argentino). También se intentó crear una política internacional basada en los principios de la «no intervención» y autodeterminación de los pueblos.[53] Incluso en la Conferencia de la Organización de Estados Americanos (OEA), reunida en Punta del Este en enero de 1961, el Canciller argentino Miguel Angel Cárcano se opuso a la exclusión de Cuba del sistema interamericano. Tras la conferencia, Frondizi recibió al representante cubano Ernesto Guevara en la residencia de Olivos.[6]

En 1961, Frondizi viajó a Estados Unidos para lograr un compromiso de ayuda para el desarrollo de Latinoamérica.[2] Con el mismo objetivo colaboró en la firma del Tratado de Montevideo que creó la ALALC (Asociación Latinoamericana de Libre Comercio) y apoyó la Alianza para el progreso enunciada por el presidente estadounidense, John Kennedy, en marzo de 1961.[6]

«Un pueblo pobre y sin esperanzas no es un pueblo libre. Un país estancado y empobrecido no puede asegurar las instituciones democráticas. Por el contrario, es campo propicio para la anarquía y la dictadura».

Arturo Frondizi ante el Congreso de los Estados Unidos en enero de 1959.[14]

Frondizi junto al presidente del Consejo Nacional de Gobierno de Uruguay, Eduardo Víctor Haedo, en 1960, en un acto del 150º aniversario de la Revolución de Mayo.

El 18 de agosto de 1961 visitó la Argentina por sólo tres horas el comandante Ernesto Guevara (curiosamente, esta sería la última vez que el «Che» visitara la Argentina). Para tal ocasión, era necesario traer al «Che» de la manera más secreta posible, ya que si los militares se enteraban de esta reunión, se acarrearía un gran problema político para el país.[56] El elegido para llevar al líder cubano para su cita en Argentina fue el diputado Jorge Carretoni, quien tenía la orden de no volar en el mismo avión que el «Che» para no levantar sospechas.

Como él mismo había declarado:

«Mi instrucción establecía que Guevara debía viajar solo: entonces, cuando le extiendo la mano para despedirme en la escalerilla del avión, Guevara me responde:
— ¿Usted no viaja?
— No. Ésas son mis instrucciones.
— Entonces yo tampoco viajo.

Y dando media vuelta se alejó, temiendo seguramente que se tratase de alguna trampa tendida por la CIA o por algún otro enemigo. Recordaría que su gran amigo Camilo Cienfuegos había muerto en un sospechoso accidente aéreo. Yo sentí que el mundo se derrumbaba y que la trabajosa operación estaba a punto de fracasar, por lo que opté por transgredir mis instrucciones y subir al avión».

Episodio relatado por Carretoni.[56]

Durante los 45 minutos que duró el viaje, el «Che» durmió sobre el hombro de Ramón Aja Castro, director de Asuntos Latinoamericanos. El Piper (avión utilizado para esta misión) llegó y aterrizó en tierra argentina, en el aeropuerto de la localidad de don Torcuato.[57] El «Che» viajó en auto hasta la Quinta Presidencial de Olivos, y enseguida fue recibido por el Presidente; lo primero que hicieron era encerrarse en un pequeño salón para hablar. Esta reunión solo duró tres horas.[56]

Frondizi y Kennedy (juntos en el centro de la imagen) en Buenos Aires en el año 1961.

Ernesto Guevara había venido para representar al Ministerio de Industria de la delegación cubana a la IV Conferencia del Consejo Interamericano Económico y Social de la OEA, realizada en Punta del Este. Pese a que la reunión fue lo más secreta posible, fue inevitable que las fuerzas armadas se enterasen.[58]

Aunque en aquella reunión no había habido mucho tiempo para hablar, durante la misma el «Che» mantuvo su típica postura anti-estadounidense, y también su opinión de que un país no debiera contar con ayuda económica de Estados Unidos, argumentando que los Estados Unidos siempre ganarían, a través de su prestación económica, enorme influencia política en el país afectado. El presidente Frondizi expresó, por otra parte, su preocupación por el camino que estaba tomando la política de Cuba hacia el socialismo, y también le confesó al «Che» que tenía preocupaciones de que Cuba ingresase en el Pacto de Varsovia. Sin embargo, el «Che» lo tranquilizó informándole de que eso no iba a convertirse en realidad.[59]

La reunión de Frondizi con el «Che» provocó la renuncia del ministro de Relaciones Exteriores y Culto Adolfo Mugica, hecha veinte días después de concretarse esta reunión, el 29 de agosto de 1961. La actitud de Frondizi ante la Revolución Cubana de 1959, junto con la visita de Fidel Castro y, más tarde, la del «Che» Guevara en la Argentina, hizo que se volviese más tensa la relación que el gobierno tenía con los militares argentinos, sobre todo teniendo en cuenta la visita que el «Che» había efectuado en el país en secreto.[53] Frondizi también tenía buenas relaciones con el presidente estadounidense John F. Kennedy. Quiso que Argentina fuese el mediador entre Estados Unidos y Cuba, ya que estos dos países vivían un conflicto muy grave motivado por el temor de Estados Unidos a que Cuba pudiese tener a su disposición armas nucleares provenientes de la Unión Soviética apuntando hacia su territorio. A este incidente se le conoció también como la «crisis de los misiles».[60]

El presidente de Brasil Jânio Quadros junto a Arturo Frondizi en una reunión el 21 de abril de 1961 en Uruguayana. Ambos presidentes fueron derrocados en sus respectivos países. En ambos casos los militares golpistas pusieron como excusa la reunión que mantuvieron con el Che Guevara.

El ejército protestó formalmente ante estas reuniones con los líderes cubanos, y presionó al presidente para cambiar su política con respecto a Cuba. Exiliados cubanos en Buenos Aires intentaron fraguar documentos con la intención de implicar a miembros del gobierno en un supuesto complot castrista. Frondizi ordenó una investigación, y hasta el propio informe del ejército, el famoso caso de «las cartas cubanas», no era, aparentemente, más que una mentira.[6] El poder ejecutivo designó a veintiún peritos calígrafos tanto del Estado como privados para que investigaran la autenticidad de estos documentos. Estos calígrafos dictaminaron que los documentos eran burdas falsificaciones, ya que en el texto se encontraban modismos no propios de Cuba, sellos diferentes y firmas que diferían mucho de las originales (evidentemente calcadas). Nunca se supo quién falsificó estos documentos.[29]

Frondizi con el líder de Cuba, Fidel Castro (Buenos Aires, 1959, poco tiempo después de la Revolución Cubana). Esta reunión fue uno de los motivos por los que se había vuelto mucho más tensa la relación entre el Presidente y los militares argentinos.[53]

Una vez que se descubrió la reunión entre el Presidente y el «Che», Frondizi dijo:

«Solamente los débiles eluden la confrontación con hombres que no piensan como ellos. Ninguno de los estadistas de las grandes naciones occidentales rehúsan hablar con los dirigentes de los países comunistas. Nosotros no queríamos ser jamás gobernantes de un pueblo que tiene miedo de confrontar sus ideas con otras ideas»

Arturo Frondizi[61]

Frondizi también dedicó su agenda a profundizar en las relaciones internacionales con países asiáticos, como el recibimiento de las visitas del presidente de Indonesia, Achmed Sukarno, y la canciller israelí Golda Meir, y su propia visita a la India, donde se entrevistó con el primer ministro Nehru. Uno de los objetivos buscados con estas reuniones era reforzar la posición internacional no alineada ante la Guerra Fría de Argentina. Otra de las visitas importantes de su período fue la que realizara el 17 de abril de 1961 el presidente italiano Giovanni Gronchi.[5] [33] También resolvió problemas fronterizos firmando varios acuerdos con Brasil.[11] [62]

[editar] Violación de la soberanía argentina por el secuestro de Adolf Eichmann

Artículo principal: Operación Garibaldi

A finales de 1952 se había localizado en Argentina al fugitivo criminal nazi Adolf Eichmann gracias a la información que había aportado un amigo del cazador de nazis austríaco de origen judío Simon Wiesenthal. Ante la dificultad de que Israel pudiese conseguir la extradición de Eichmann por parte de Argentina (con el consiguiente peligro de que el criminal huyese), se diseñó, por parte de los servicios secretos israelíes del Mosad, el secuestro del buscado criminal nazi con el firme apoyo del primer ministro israelí David Ben Gurion, violando así los tratados de asistencia consular y la soberanía nacional argentina.

El 1 de mayo de 1960 llegó de incógnito un grupo del Nokmin (Vengadores) del espionaje israelí en vuelo aéreo regular a Buenos Aires, dando así el inicio a la «Operación Garibaldi» (bautizada así por el nombre de la calle donde vivía Eichmann). Este equipo —dirigido y coordinado por los agentes israelíes Rafael Eitan y Peter Malkin— inició durante casi dos semanas la vigilancia sobre su objetivo.[63]

Finalmente, el 11 de mayo de 1960 secuestraron a Eichmann en plena calle subiéndole a un auto particular cuando bajaba del colectivo para volver del trabajo a su casa. Después, los cuatro hombres del Servicio Secreto israelí lo trasladaron el 20 de mayo desde el Aeropuerto Internacional Ezeiza de Buenos Aires a Israel en un avión particular, con otra identidad y simulando que estaba ebrio.[63]

Ante este secuestro, la cancillería, por medio del embajador Mario Amadeo, reclamó ante el Consejo de Seguridad de Naciones Unidas por la grave violación de la que fue objeto la propia soberanía del país argentino. Recibió apoyo del organismo internacional, pero Israel nunca tuvo intención de devolver al criminal nazi a Argentina.[53] Los diplomáticos de Estados Unidos, Gran Bretaña y Francia intentaron formalizar una reunión entre el presidente Arturo Frondizi y David Ben Gurion para que ambos buscaran una solución al caso de Eichmann, y que no se rompieran por ello las relaciones diplomáticas entre Argentina e Israel. Después de varios contactos, se acordó que el encuentro entre ambos mandatarios se celebrase en Bruselas en junio de 1960, frustrándose finalmente tal reunión por los recelos que había entre la diplomacia de ambos países.[64] Finalmente, Frondizi rompió relaciones diplomáticas con Israel,[53] relaciones que habían sido establecidas hacía poco por el presidente Juan Domingo Perón. Poco tiempo después, Frondizi restableció de nuevo el vínculo con Israel.[65]

El 11 de diciembre de 1961, Adolf Eichmann fue declarado culpable por crímenes contra la humanidad y el 15 de diciembre sentenciado a muerte, llevado a cabo el 31 de mayo de 1962. Sus últimas palabras fueron: «Larga vida a Alemania. Larga vida a Austria. Larga vida a Argentina. Estos son los países con los que más me identifico y nunca los voy a olvidar. Tuve que obedecer las reglas de la guerra y las de mi bandera. Estoy listo».[64] [66]

[editar] Represión y Plan CONINTES

El sindicalista Andrés Framini (aquí en una imagen de 1955) fue uno de los cientos de encarcelados por Frondizi mediante el Plan Conintes. Su encarcelamiento generó un escándalo internacional y una condena de la OIT contra el gobierno argentino.

Artículo principal: Plan CONINTES

Inicialmente el gobierno de Frondizi derogó varios instrumentos de represión contra el peronismo y el movimiento obrero. En esa línea, el 26 de junio de 1958, el Congreso Nacional derogó el Decreto Ley 4161/56 sancionado por la dictadura para prohibir al peronismo, y sancionó una ley de amnistía que dejó en libertad a los miles de peronistas y sindicalistas encarcelados por la Revolución Libertadora.[14] [24] También derogó la Ley de Residencia Nº 4144, dictada en 1902, que el sindicalismo argentino venía denunciando desde su misma sanción.[29]

Sin embargo, su política económica y educativa generaron gran resistencia entre los sindicatos y el movimiento estudiantil, como las grandes huelgas de los trabajadores petroleros, ferroviarios, de la carne, bancarios y metalúrgicos, y las grandes movilizaciones obrero-estudiantiles, organizadas por la FUA contra las universidades privadas conocidas por uno de sus eslóganes, «Laica o libre».[29]

En 1958, a poco de asumir como presidente de la Nación, Arturo Frondizi dictó el Decreto Secreto 9880/1958, del 14 de noviembre, que permitía al presidente declarar el «Estado Conintes» (Conmoción Interna del Estado), restringiendo la vigencia de los derechos y garantías constitucionales y habilitando la militarización de la sociedad y la declaración del estado de sitio.[33] El Plan Conintes de Frondizi permitía declarar zonas militarizadas a los principales centros o ciudades industriales como La Plata, y autorizaba a las Fuerzas Armadas a realizar allanamientos y detenciones (en las cuales se interrogaban a sindicalistas y peronistas) sin cumplir las normas constitucionales. Además, durante el «Estado Conintes» se declararon ilegales las huelgas y manifestaciones.[29] [67]

El 12 de marzo de 1960 se produjo un atentado terrorista mediante la colocación de una bomba en el domicilio particular del capitán del Ejército David René Cabrera, en el que resultó muerta su hija de 2 años y con heridas graves su hijo de 6 años, al derrumbarse prácticamente toda la vivienda. El hecho, que fue realizado por indicación del dirigente de la resistencia peronista Alberto Manuel Campos, fue uno de los 1566 atentados realizados durante el gobierno de Frondizi[8] y determinó que en la reunión entre el Presidente y los comandantes de las tres armas del 14 de marzo se dispusiera poner en ejecución el plan Conintes. En un principio los militares requerían otras medidas, como la ley marcial, la cual conllevaba la posibilidad de aplicar la pena de muerte. El General Toranzo Montero le había dicho al presidente: «(…) y con expresa constancia de fusilar a todo aquel que sea descubierto in fraganti. La ley marcial, de esta manera, va a limitar el terrorismo». Para evitar esto, Frondizi dio ejecución por segunda vez el Plan CONINTES.[68] Así fue que el 14 de marzo de 1960, con el fin de reprimir las huelgas y protestas estudiantiles, el presidente Frondizi aplicó otra vez el Plan CONINTES y declaró a todo el país en «estado de conmoción interior del Estado».[21]

Bajo el Estado Conintes, el gobierno de Frondizi detuvo a cientos de opositores, sindicalistas y activistas estudiantiles; a estos presos se los llamó «presos Conintes». También intervino a los sindicatos. Para concentrar a los detenidos, Frondizi habilitó las prisiones militares de Magdalena y Punta del Indio, y reabrió la cárcel inhumana de Tierra del Fuego, instalada en la Isla de los Estados, que Perón había clausurado en 1947. Algunos de los presos famosos de ese momento fueron el comunista Rubens Íscaro, los peronistas Andrés Framini y José Ignacio Rucci, y el folclorista paraguayo José Asunción Flores.[21] [29]

Recién el 2 de agosto de 1961, Frondizi dio por terminado el Estado Conintes. En 1962 volvió a declararse al país en Estado Conintes durante varios meses. El Plan era preventivo y no aplicaba penas posteriormente a que se diera por finalizado.[21] [29] [68]

Diversos estudiosos han considerado al Plan Conintes como un antecedente inmediato de la Doctrina de la Seguridad Nacional, la guerra sucia y la represión ilegal que alcanzaría su pináculo con la dictadura autodenominada Proceso de Reorganización Nacional (1976-1983).[69]

[editar] Derrocamiento

Arturo Frondizi llevado preso el 29 de marzo de 1962. Las Fuerzas Armadas habrían de deponerlo al día siguiente.

El gobierno de Frondizi estuvo sumamente restringido por el poder militar, sufriendo veintiséis asonadas militares y seis intentos de golpe de estado.[5] [11]

Con la renuncia de Alsogaray en 1961, con los paros de empleados públicos, obreros y sindicatos en la oposición, ante elecciones cada vez más próximas, Frondizi decidió a dar un vuelco y anular la ilegalización del peronismo, dispuesta por la dictadura militar en 1955. En las elecciones de 1962 el peronismo ganó la gobernación de diez de las catorce provincias, incluida la poderosa Provincia de Buenos Aires, donde triunfó el combativo dirigente sindical textil Andrés Framini.[33] Los militares querían que el Presidente anulara las elecciones para que el peronismo no tuviera así ningún diputado ni senador en el Congreso; para evitar esto, Frondizi intentó realizar una maniobra e intervino en ocho provincias, con la idea de quitar los gobernadores peronistas electos, pero no anular las elecciones, como le exigían los militares.[70] De este modo, no pudo evitar el golpe militar que lo derrocó pocos días después. El 29 de marzo fue detenido por miembros de las Fuerzas Armadas y fue recluido en la Isla Martín García.[6]

Cuando Frondizi atendió el teléfono aproximadamente a las dos y media de la mañana, del otro lado estaba Clement, su Secretario de Marina, quien le informó: «Señor presidente, quiero comunicarle que se ha resuelto su destitución y vamos a detenerlo. Lo siento mucho, pero yo no puedo hacer nada y dentro de un rato lo va a visitar el jefe de la casa militar. Se lo anticipo por si tiene que hacer algún preparativo». Frondizi respondió: «No, muchas gracias».[14]

Frondizi, sin embargo, detenido por los militares, se negó a renunciar diciendo una frase que se ha vuelto célebre en la historia argentina:

«No renunciaré, no me suicidaré, no me iré del país».

La frase del Presidente mostrando su negativa de renunciar. [71]

La negativa del presidente Frondizi a renunciar ante los militares golpistas extendió el golpe en tratativas y conciliábulos entre los conspiradores. Ello agotó a los golpistas y permitió una especie de golpe civil dentro del golpe militar, por el cual algunos miembros de la Corte Suprema urdieron una ingeniosa maniobra, tomándole juramento como «presidente provisional» al senador radical intransigente José María Guido, quien era presidente provisional del Senado. Al día siguiente, se produjo una situación con ribetes tragicómicos, cuando los militares golpistas, luego de dormir para recuperarse de la larga jornada del día anterior, concurrieron a la Casa Rosada para asumir el mando, siendo informados por los periodistas allí asignados que el país ya tenía otro presidente que había jurado esa mañana. Incrédulos, los conspiradores volvieron a debatir cómo concretar el golpe y decidieron finalmente tomarle un «examen» al nuevo «presidente», quien se comprometió a obedecer a los militares. Dicha entrevista entre los militares golpistas y el «presidente» Guido, fue registrada en un acta.

Frondizi, por su parte, continuó detenido más de un año, siendo trasladado en marzo de 1963 al Hotel Tunkelen en Bariloche. A fines de julio de 1963 recuperó su libertad para reincorporarse a la vida política desde su nuevo partido, el Movimiento de Integración y Desarrollo.[6] [12]

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